Catarsis – Por Emanuel Fernandez

Al hablar de catarsis nos encontramos ante una experiencia purificadora de las emociones humanas. Dicha palabra tiene sus raíces en el griego “kátharsis”, que significa purga (purificación).

Entre los antiguos griegos, consistía en la purificación de las pasiones del ánimo mediante las emociones que provoca la contemplación de una situación trágica. Dentro de la literatura, por su parte, la catarsis es el efecto purificador que experimenta el espectador a través de una obra de arte. El concepto fue planteado primeramente por Aristóteles en su Poética.

El filósofo griego reconocía en las tragedias clásicas la oportunidad para lograr que el espectador liberara sus pasiones a través de la experiencia estética de la representación teatral.

En este sentido, la tragedia ofrecía al espectador un amplio abanico de emociones (tales como el horror, ira, compasión, angustia o empatía entre otros) que le permitían identificarse con los personajes y sus historias y de este modo, acceder al efecto purificador que producía la representación escénica en su interior.

Si avanzamos en la historia, nos encontramos con Josef Breuer y Sigmund Freud, pioneros del psicoanálisis, que retomaron el concepto de catarsis griega desde un punto de vista terapéutico para sus primeros trabajos, denominaron método catártico a la expresión de una emoción presente o recuerdo pasado reprimido durante el tratamiento.

El objetivo era generar un “desbloqueo” de emociones o recuerdos dañinos, pero con un impacto duradero, lo cual le permitiría luego al paciente entender mejor dicha emoción o evento y poder al fin hablar ampliamente sobre ello.

Para este tipo de terapia se utilizaría la asociación libre (hablar libremente) por parte del paciente y la escucha activa por parte del tratante a fin de lograr detectar que es lo que está perturbando.

Por lo tanto, la catarsis es un método mediante el cual, durante el proceso de la terapia, se conducía a un paciente a desbloquear recuerdos o vivencias reprimidas en su inconsciente, generalmente asociados a eventos traumáticos del pasado, con la finalidad de poder hablar sobre ello, concientizarlo, y experimentarlo emocionalmente.

A lo largo de nuestras vidas atravesamos por diferentes circunstancias que nos generan dolor en mayor o menor medida, en casos más extremos pueden ocasionar incluso traumas de los cuales puede resultar sumamente difícil superar. También es cierto que como seres humanos cometeremos fallos, todos hemos pecado alguna vez en nuestras vidas.

 “Todos han pecado y están lejos de la presencia gloriosa de Dios”
Romanos 3:23

Ahora bien, la cuestión es ¿qué hacemos con aquello que nos causa dolor o con esos errores que cometemos?

Me aferro a la idea de que todo aquello que nos acontece y no volcamos en palabras, esas emociones inexpresadas, quedaran archivadas, se mantendrán ocultas y ahí es donde mejor trabaja el enemigo. Un dato curioso, es que solemos somatizar en síntomas orgánicos y funcionales lo que acontece en nuestro psiquismo, al mismo Rey David le pasaba y esto se refleja claramente en el Salmos 32, versículo 3: “Mientras calle, se envejecieron mis huesos”…

Por eso considero sumamente importante que podamos ponerle palabras a lo que nos acontece, sacar a luz lo que está oculto para que podamos sanar nuestra alma. La palabra de Dios dice que si confesamos nuestros pecados, podemos confiar en que El, que es justo, nos perdonará y nos limpiará de toda maldad.

En lo personal, mi salmos favorito es el numero 51, lo curioso de este cántico es que fue escrito por el Rey David después que el profeta Natán lo reprendiera por haber pecado. Cuando me sumerjo en sus versos me encuentro ante una autentica catarsis, un hombre que desgarra su corazón delante de Dios, reconociendo sus faltas ante el Altísimo, pidiéndole que lo purifique para quedar limpio e implorándole que no lo aparte de su presencia.

Si fallamos, estamos a tan solo una oración de distancia para alcanzar el perdón por nuestros pecados. Una vez oí que el amor de Dios es mucho más grande que el mayor de nuestros errores y estoy completamente convencido de que es así. Dios es amor en el más hermoso sentido de la palabra, a tal punto que envió a lo más preciado que tenía: su único hijo para salvar al mundo.

“Ten siempre en cuenta que Jesús te ama con un amor incondicional y te espera con los brazos abiertos”


ARTICULO ESCRITO POR EMANUEL FERNANDEZ
*Acompañante Terapéutico
* Operador Socio-Comunitario
* Tel: 2284 35-3389

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