“Fuerza de ensalmo y expectativa”

Fuerza de ensalmo es un término utilizado para referirse al poder que ejerce la palabra y la influencia que estas pueden desencadenar sobre el estado anímico de las personas. La palabra es un recurso, un instrumento esencial que juega un rol muy importante, se puede decir que es el principal mediador del influjo que un hombre pretende ejercer sobre otros, siendo un buen medio para provocar alteraciones anímicas hacia quienes van dirigidas ya sea para bien o para mal, aunque esto va a depender en sumo grado de la clase de expectativa que tenga el individuo.

En lo que refiere a la expectativa, Sigmund Freud padre del Psicoanálisis las clasifica en dos: la expectativa esperanzada (también conocida como confiada) por un lado y por el otro su contraposición, la expectativa angustiada. En simples palabras, la primera que mencione tiene que ver con aspectos más positivos y optimistas, en cambio la segunda como su terminología lo alude, abarca características de índole negativa y pesimistas.

Cuando reflexionaba en estos términos, se me venía un claro ejemplo que refleja estos puntos, el famoso enfrentamiento entre David y Goliat narrado en el libro de 1 Samuel, capítulo 17. En este pasaje no se trata solamente de una lucha física, sino que previo incluso a la batalla, ocurre una gran lucha espiritual donde las palabras ocupan un papel importante.

Cuando el joven pastor llega al campamento se encuentra con las palabras ásperas de su hermano mayor. “Pero Eliab, el hermano mayor de David, que le había oído hablar con aquellos hombres, se enfureció con él y le dijo: ¿A qué has venido aquí? ¿Con quién dejaste esas cuantas ovejas que están en el desierto? Yo conozco tu atrevimiento y tus malas intenciones, porque has venido sólo para poder ver la batalla” 1 Samuel 17:28.

Por otra parte tenemos también el pesimismo del Rey Saúl y sus palabras poco alentadoras  “No puedes ir tú solo a luchar contra ese filisteo -contestó Saúl-, porque aún eres muy joven; en cambio, él ha sido hombre de guerra desde su juventud” 1 Samuel 17:33.

Pese a las palabras poco alentadoras de su hermano y del rey, David no se desanimó, por el contrario, demuestra una profunda convicción ante tales circunstancias proclamando lo siguiente:

“Cuando yo, el servidor de Su Majestad, cuidaba las ovejas de mi padre, si un león o un oso venía y se llevaba una oveja del rebaño, iba detrás de él y se la quitaba del hocico; y si se volvía para atacarme, lo agarraba por la quijada y le daba de golpes hasta matarlo. Así fuera un león o un oso, este servidor de Su Majestad lo mataba. Y a este filisteo pagano le va a pasar lo mismo, porque ha desafiado al ejército del Dios viviente. El Señor, que me ha librado de las garras del león y del oso, también me librará de las manos de este filisteo” 1 Samuel 17:34-37.

En esta expresión podemos visualizar claramente que David estaba seguro y confiado, por lo que podríamos decir que su expectativa era del tipo esperanzada y estaba volcada plenamente hacia Dios.

Ahora bien avancemos al momento crucial de la épica batalla:

Cuando el filisteo miró a David, y vio que era joven, de piel sonrosada y bien parecido, no lo tomó en serio,  sino que le dijo:

-¿Acaso soy un perro, para que vengas a atacarme con palos?

Y en seguida maldijo a David en nombre de su dios. Además le dijo:

-¡Ven aquí, que voy a dar tu carne como alimento a las aves del cielo y a las fieras! 1 Samuel 17:42-44.

Si observamos detenidamente, podemos ver que Goliat tenía sus esperanzas depositada en sus dioses y arremete fuertemente contra David maldiciéndolo, pero la respuesta del joven muchacho es contundente y concisa. “Tú vienes contra mí con espada, lanza y jabalina, pero yo voy contra ti en nombre del Señor todopoderoso, el Dios de los ejércitos de Israel, a los que tú has desafiado. Ahora el Señor te entregará en mis manos, y hoy mismo te mataré y te cortaré la cabeza, y los cadáveres del ejército filisteo se los daré a las aves del cielo y a las fieras. Así todo el mundo sabrá que hay un Dios en Israel;  todos los aquí reunidos sabrán que el Señor no salva con espada ni con lanza. Esta batalla es del Señor, y él los entregará a ustedes en nuestras manos. 1 Samuel 17: 45-47. Las palabras de David son precisas, está declarando con sus propios labios lo que va a acontecer porque sabe en quien tiene depositada su confianza y aunque la mayoría conoce el desenlace de esta historia, no obstante vale la pena recordarlo:

El filisteo se levantó y salió al encuentro de David, quien, a su vez, rápidamente se dispuso a hacer frente al filisteo: metió su mano en la bolsa, sacó una piedra y, arrojándola con la honda contra el filisteo, lo hirió en la frente. Con la piedra clavada en la frente, el filisteo cayó de cara al suelo. Así fue como David venció al filisteo. Con sólo una honda y una piedra, David lo hirió de muerte. Y como no llevaba espada, corrió a ponerse al lado del filisteo y, apoderándose de su espada, la desenvainó y con ella lo remató. Después de esto, le cortó la cabeza. Cuando los filisteos vieron muerto a su mejor guerrero, salieron huyendo” 1 Samuel 17:48-51.

Al fin y al cabo el verdadero gigante de la historia termino siendo David y no Goliat.

Claramente lo que sale de nuestras bocas puede influenciar en el desenlace de los acontecimientos y un hecho real es que los seres humanos necesitamos depositar nuestra confianza en algo o en alguien ¿el punto es en que o en quien la depositamos?

Yo elijo depositar mi confianza en Cristo Jesús como lo hizo David y  de la manera que aconseja el profeta Isaías “Confíen siempre en el Señor, porque él es refugio eterno” Isaías 26:4.

Te invito a que tú puedas hacer lo mismo, sin importar que tan grande sea el gigante que se interpone en tu camino, si pones tu expectativa confiada en el Señor Todopoderoso y lo declaras con tus palabras en ferviente oración te aseguro que él te dará la victoria para gloria y honra de su nombre.

ARTICULO ESCRITO POR EMANUEL FERNANDEZ
*Acompañante Terapéutico
* Operador Socio-Comunitario

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