“Mira dime dónde” por Lucas San Martín

"Mira dime dónde" resume un poco esta cuestión, la de nosotros, la de los desinteresados, la de los que hacemos la vista gorda, la de los que vivimos en la indiferencia. Parece que pensar críticamente es malo, parece que informarse de estas cuestiones no nos acerca a Dios.

¿Soy consciente lo que realmente pasa, o decido vivir en la penuria de la ignorancia? ¿Sé lo que pasa al otro lado del mundo o soy indiferente a eso? ¿Me interesa acaso? Total está lejos, total no lo veo.

Pero que eso pase no implica que sea mentira. Pasa, es real, lo vivo, formo parte de eso, y ¿entonces? ¿La revolución cubana?, ¿para qué? No me interesa, es medio complicado de entender.

¿El levantamiento agrario de Brasil? ¿El despojo del caucho o del cacao? ¿La guerra contra el Paraguay que fue financiada por el banco de Londres? ¿Para qué me sirve? ¿La contaminación ambiental producida por el estaño que contiene la hojalata que envasa el durazno que estoy comiendo de sobremesa? ¡Ni pensarlo! ¿Quién quiere saber qué pasa en las minas?

¿A quién le interesa la subordinación de América Latina a los Estados Unidos? ¿Para qué me sirve saber que la mayor parte de nuestros ideales colectivos y prejuicios sociales vienen de un sistema capitalista que arrasa sin piedad? ¿A quién le interesa el abrasador veneno que se mete en los pulmones de los operarios de fábricas o trabajadores mineros?


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Todo, a decir verdad se ve lejos, inalcanzable, ajeno. La política no me gusta, Dios sabrá cómo arreglarlo. Por las dudas, yo, ni me meto.

“Esquivamos la mirada porque en el fondo/ Sabemos que hay sangre derramada por el envanecimiento /Y que detrás de la ropa de marca que querés /Hay un niño esclavizado trabajando en Bangladesh”, vocifera Santiago Benavides en su letra.

“Mira dime dónde” resume un poco esta cuestión, la de nosotros, la de los desinteresados, la de los que hacemos la vista gorda, la de los que vivimos en la indiferencia. Parece que pensar críticamente es malo, parece que informarse de estas cuestiones no nos acerca a Dios.

Yo no quiero que pienses que es asunto de los otros/ que el pecado es patrimonio de ricos y poderosos/ yo quiero pensar en mí y que tú pienses en ti/ si podríamos responder la pregunta que a Caín/ le hizo Dios en aquel día del primer asesinato” sigue la canción.

Sigue como así sigue, a medida que transcurre, la necesidad de desasnarme de aquello que me ocultan, de aquello que no se habla porque “no nos incumbe”.


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Tenemos una tendencia a no meternos en problemas, a callarnos, a ignorar la realidad porque “algo pasó para que vivan esa realidad”. “No te metas”, “algo habrá hecho”, son palabras que se han incrustado en nuestro vocabulario, más aún, han formado nuestro comportamiento.

La canción cierra con una idea altamente revolucionaria: /”La religión puede ser muy bonita y de buen modo/, pero con todo respeto es fachada del demonio/ si no lleva al sacrificio para servirle a los otros”

Justo cuando parecía incongruente pensar qué tiene que ver lo que consumo, lo que deseo, lo que uso, lo que descarto, lo que como, con qué vivo, todo eso con Dios y con la iglesia, aparece este tema: “mira dime dónde” de Santiago Benavides.

 Formo parte de un mundo que me hace parte, aunque no lo quiera, de una muerte ajena (para mí, no para el sistema), pero el hecho de ser consciente y conocer de a poco la historia que nos rodea, me permite saber que puedo poner un granito de arena para mejorar las cosas, sin tanta verborragia ni tanta prepotencia o verborragia.


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Callar las voces anónimas, subyugar al inocente, ensanchar la grieta entre nosotros, es lo que tanto este sistema se empecina en hacer. El saber nos otorga poder, pero no el poder para someter a aquellos que no lo poseen, sino para ser conscientes y no dejarnos engañar, y sobre todo que no engañen a otros.

“Mira dime dónde” es una buena propuesta de Santiago que aporta conciencia social y espiritual, dos pilares importantes de la iglesia.



Artículo escrito por San Martín Lucas
Profesor de Lengua y Literatura 
Tel. Contacto: 2284710552

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