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Absoluta aniquilación por Lucas San Martin

Resulta recurrente visibilizar la necesidad de morir a una naturaleza almática y humana. Es crucial entender que no hay nada por esperar porque todo nos fue dado en una sola persona. “Encontré a alguien que desea mi aniquilación absoluta. Me vio y no halló una naturaleza correcta –aunque esté lleno de buenas intenciones, buenas costumbres, educación-, por lo tanto quiere plantar una nueva semilla en mí. Eso dijo. De allí la necesidad de que esa muerte sea absoluta.

No quiere rastros de mí, ni de mis buenas intenciones. Eso dijo.

Sus declaraciones me parecieron no solamente egoístas, sino demasiado pretenciosas: querer del otro una desaparición significa querer moldearlo a su imagen y semejanza.

Eso no es amor, o por lo menos desde mi finitud no lo percibo así. ¿Será por eso que ahora hay una contradicción dentro de mí? tal vez. Aunque si me detengo un segundo, esa aniquilación de la que habló no parece del todo desacertada.

Quiero decir, de todas maneras el egoísmo y esta autosuficiencia me está matando. Lo sé, lo confieso. Entonces, si lo que me gusta produce muerte en mí, y contradictoriamente me conduce a un vacío sofocante, vengo a confirmar eso que anunció. Por lo tanto, debo aniquilarme. Ahora logro entender su pedido.

Luego me habló de una cruz y de poner fin a la existencia mía para que él pueda hacer su vida en mí, en un acto vicario, sustitutivo. Aunque nunca fue una obligación de su parte, lo confieso.

Me convence de ejercitar la vicariedad, de menguar, de sustituir la naturaleza adámica por Su naturaleza, una nueva repleta de vida, que me hace comprender lo que ya nos fue concedido.


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Luego de este convencimiento atroz ya no hay estímulos externos que me hablen de satisfacción porque ahora la mía es Cristo. Entendí, posteriormente, otra verdad: no puedo morirme en mí mismo, sino en Él porque ni siquiera la muerte hecha por mí, por un hombre, puede resultar en vida eterna.

La muerte del hombre en Él, en efecto, producirá la obra más grande e infinita que puede haber: la resurrección.

Pensé, antes de que me confrontara de semejante forma, que encontraba la vida en las escrituras. Ahora, sin embargo, pude entender, luego de ese encuentro vasto y precioso, que la escritura se encierra en una sola persona: la persona de Cristo.

Fuera de esa persona –que abarca una totalidad indecible – todo se entenebrece y llega a un punto caduco.

Ahora lo entiendo: si no muero, al igual que la semilla de trigo, sólo seré un hombre. En cambio, si muero y resucito en Él seré un hijo eterno […]” G.M.


Artículo escrito por San Martín Lucas
Profesor de Lengua y Literatura 
Tel. Contacto: 2284710552


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