Reflexión: “No te olvides”

No te olvides de Dios cuando tengas abundancia de bienes. No te olvides de guardar mis mandamientos. No te olvides cuando tengas casas hermosas donde vivir. No te olvides que Dios te sacó de la esclavitud. No te olvides que te sacó del desierto lleno de muerte. No te olvides que te dio agua de la roca en el desierto. No te olvides que te sustentó con mana. No te olvides que te puso a prueba y lo hizo para que no digas lo hice con mis fuerzas.

Encontramos en la biblia en el libro de Deuteronomio capítulo 8 donde Dios le dice a Israel el siguiente recordatorio.

Porque si te olvidas seguirás otros dioses y vendrá la destrucción
Debemos reconocer que en muchas ocasiones nos olvidamos las promesas que le hacemos a Dios.

Promesas como “nunca te voy a dejar” “podes contar conmigo” “estoy disponible para lo que necesites”.

Solemos decirle “Voy a pasar más tiempo hablando contigo, prometo obedecerte, serte fiel, hacer tu voluntad, permitir que me corrijas”.

Pero cuando comienza a pasar el tiempo las ocupaciones, el afán de la vida, el materialismo, nuestros proyectos personales, nuestros deseos, nos hacen perder la memoria.


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Es decir cuando nos empieza a ir bien, cuando las cosas salen como esperábamos, entonces aumenta nuestra confianza en nosotros mismos y nos sentimos autosuficientes, en control de nuestra propia vida.

Nos parece que podemos despegarnos de su mano y andar como queremos y nos pasa como a Israel comenzamos a cambiar nuestras prioridades y a olvidarnos de Dios.

Y lo que más Dios desea no es que tengamos solo buen pasar, su mayor interés está en nuestra vida interna, nuestra alma, tener una relación profunda con nosotros, que seamos mejores personas, no ser el genio de la lámpara que está ahí para conceder todos nuestros deseos, sino para que lo amemos incondicionalmente aún sino recibiéramos nada de él.

Bien lo dijo el sabio Salomón “No me des pobreza ni riquezas; Manténme del pan necesario; No sea que me sacie, y te niegue, y diga: ¿Quién es Dios?”.

Sin duda esta pandemia que atraviesa el mundo nos hace reflexionar cuanto nos hemos olvidado de Dios, levantando otros dioses que no son imágenes o ídolos de yeso, pero son ídolos del corazón como la vanagloria, el ego, el materialismo, nuestros deseos egoístas, culto al cuerpo, el descontrol, la mentira, la corrupción y tantos otros.

Por eso hay que luchar para no nos gobierne la altivez, la vanidad y que la prepotencia no se apodere de nosotros, por todas las cosas que hemos alcanzado.


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No importa cuánto Dios te prospere, recuerda de donde él te sacó, quien eras sin él, de donde te levantó cuando nadie estuvo allí para ti y solo él se quedó contigo, recuerda quién eres con Cristo, recuerda que fue él quien te hizo libre, de muchos temores, dudas, tristezas, inseguridades, depresiones, enfermedades, angustias para darte una vida abundante.

Son innumerables las cosas que Dios hace por nosotros cada día, ayudándonos en los momentos de angustia, cuando pasamos por procesos difíciles, teniendo misericordia, perdonándonos.

El jamás se olvida de nosotros, jamás se rinde aun cuando somos infieles con él. Hoy quiero animarte a volver a Dios, a no olvidarte de Él, a volver a tener esa comunicación e intimidad como siempre la tuviste, aparta tiempo para Dios.

Que no solo tengas en tu memoria lo que hace por ti sino que vivas para agradarlo, agradecerle y siempre él sea primero.

Que nada de esta tierra ocupe su lugar en tus prioridades y corazón.


Por Adela Gavilán


CONTRAMANO

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