Molinos de Viento – Articulo por Emanuel Fernandez

Un Caballero muy peculiar

En el capítulo número VIII de la primera parte de la obra literaria de Miguel de Cervantes Saavedra, conocida como El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha.

Ocurre un suceso muy peculiar que quizás muchos hayan sentido o escuchado alguna vez, donde el personaje principal de dicha obra, acompañado de su fiel escudero Sancho Panza, pasan por un campo donde visualizan alrededor de unos treinta o cuarenta molinos de vientos que el Don Quijote (lejos de ver lo que realmente son) los visualiza como desaforados gigantes de brazo largos de hasta casi dos leguas.

Pese a las advertencias de su escudero que trata de hacerlo entrar en razón diciéndole que no son gigantes sino molinos y que los brazos no son más que las aspas volteadas por el viento.

No obstante todo esto, el Ingenioso Hidalgo se decide a entrar en batalla con aquellos que él creía que eran gigantes a fin de servir a Dios y quitar esa mala cimiente de la tierra.

La trama continua narrando que dándole con las espuelas a su caballo llamado Rocinante, acomete a toda velocidad contra esos gigantes imaginarios y el resultado final termina siendo que al arremeter con su lanza contra el aspa de uno de los tantos molinos, el viento la volvió con tanta furia que hizo pedazos la lanza y se llevó tras sí al caballo y al mismo caballero que montaba sobre él.


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Pese al resultado de dicha hazaña y a las heridas recibidas, el Don Quijote lejos de rendirse y abandonar su utopía, decide seguir su camino en busca de nuevas aventuras.

Si analizamos a este personaje desde un punto de vista psicopatológico (ciencia que estudia las enfermedades y trastornos mentales teniendo en cuenta su naturaleza y causantes) podríamos decir que nos encontramos ante un sujeto Psicótico porque está claro que tiene cierta desconexión con la realidad, tiene alucinaciones y delirios incoherentes que distan mucho de lo que realmente sucede en su entorno.

Pero lejos de hacer hincapié en esto, quiero recalcar el hecho de que por más atravesadas que pudiera tener sus ideas, el Don Quijote no titubeo ni dudo por un instante en lanzarse a la aventura y a modo de moraleja, podemos decir que aquellos molinos de vientos pueden representar un obstáculo que se interpone en nuestro camino hacia la lucha quizás por un ideal, un sueño o una meta a alcanzar.

Una aventura sin igual

Cuando hablamos de aventura, etimológicamente nos traslada a la lengua latina y su vocablo adventūra puede traducirse como aquello que vendrá o acontecerá, la noción suele emplearse en alusión al acontecimiento, el hecho o el evento que, por algún motivo, resulta fuera de lo común, entonces nos encontramos ante una palabra que refiere a un suceso extraño o poco frecuente que vive o presencia una persona, que tiende a ser emocionante, peligroso y que entraña algún riesgo.

Al comienzo del libro el mejor líder de la historia, escrito por Lucas Leys el autor lo dedica de la siguiente manera: “a mamá y papá por introducirme en la salvaje aventura de conocer a Jesúsy es un hecho totalmente cierto que seguir a Jesús implica lanzarnos hacia una aventura sin igual.


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El Apóstol Pablo fue uno de los tantos que se aventuró a seguir al Rey de Reyes, en 2 de Corintios, capitulo 11 a partir del versículo 21 en adelante describe que  lo han encarcelado, ha sido azotado y muchas veces estuvo en peligro de muerte, fue castigado por los judíos en cinco ocasiones con treinta y nueve azotes, tres veces lo apalearon y una lo apedrearon.

El barco en el que él viajaba se hundió tres veces a tal punto que estuvo a punto de ahogarse, pasando una noche y un día en alta mar y más aún, estuvo en peligro de ríos, de ladrones, entre sus propios paisanos y con extranjeros, peligros en la ciudad, en el campo y en el mar y aun entre falsos hermanos.

Paso por trabajos y dificultades donde muchas veces se quedó sin dormir, sufriendo hambre y sed, sufriendo por el frio y la falta de ropa entre otras cosas, pero lejos de rendirse o dar marcha atrás, o aun de gloriarse por lo que había atravesado, por el contrario, el Apóstol Pablo se gloriaba de las cosas que demostraban su debilidad para que el poder de Cristo reposara sobre él.

En la segunda carta de Pablo a Timoteo, capítulo 4, versículo 6-8, versión Dios habla hoy dice lo siguiente:  

“He peleado la buena batalla, he llegado al término de la carrera, me he mantenido fiel. Ahora me espera la corona merecida que el Señor, el Juez justo, me dará en aquel día, y no me la dará solamente  a mí, sino también a todos los que con amor esperan su venida gloriosa”

Vemos aquí que la aventura de Pablo llegaba a su fin y lo esperaba su merecida premiación…

Conclusión

El hecho de seguir a Jesús es lejos y sin lugar a dudas la mejor aventura de todas que por ende implica la emoción latente de vivir hechos maravillosos y atravesar un sinfín de riesgos, te invito a seguirlo y a que te lances a la aventura para que algún día tal como sucedió con el Apóstol Pablo, podamos recibir la corona merecida que el Señor nos dará a todos aquellos que con amor le hemos seguido y esperamos su venida gloriosa.

EMANUEL FERNANDEZ
*Acompañante Terapéutico
* Operador Socio-Comunitario
* Tel: 2284 67-3902

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