La caverna por Emanuel Fernandez

La alegoría de la caverna se considera la más celebre alegoría de la historia de la filosofía y trata de una explicación metafórica, realizada por el filósofo griego Platón al principio del VII libro de la República, sobre la situación en que se encuentra el ser humano respecto del conocimiento.

El filósofo griego describió en su alegoría, un espacio cavernoso en el que se encuentran un grupo de hombres prisioneros desde su nacimiento, con cadenas que les sujetan el cuello y las piernas de forma que únicamente pueden mirar hacia la pared del fondo de la caverna sin poder nunca girar la cabeza. Justo detrás de ellos se encuentra un muro con un pasillo y seguidamente, y por orden de cercanía respecto de los hombres, una hoguera y la entrada de la cueva que da al exterior. Por el pasillo del muro circulan hombres portando todo tipo de objetos cuyas sombras, gracias a la iluminación de la hoguera, se proyectan en la pared que los prisioneros pueden ver.


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Estos hombres encadenados consideran como verdad las sombras de los objetos. Debido a las circunstancias de su prisión se hallan condenados a tomar únicamente por ciertas todas y cada una de las sombras proyectadas ya que no pueden conocer nada de lo que acontece a sus espaldas.

La narración continúa contando lo que ocurriría si uno de estos hombres fuese liberado y obligado a volverse hacia la luz de la hoguera, contemplando, de este modo, una nueva realidad; una realidad más profunda y completa ya que esta es causa y fundamento de la primera que está compuesta solo de apariencias sensibles. Una vez que ha asumido el hombre esta nueva situación, se encamina hacia fuera de la caverna a través de una áspera y escarpada subida, apreciando una nueva realidad exterior lo cual incluye hombres, árboles, lagos, astros, etc.

La alegoría acaba al hacer entrar, de nuevo, al prisionero al interior de la caverna para liberar a sus antiguos compañeros de cadenas, lo que haría que estos se rieran y burlaran de él afirmando que sus ojos se han estropeado al verse cegado por el paso de la claridad del sol a la oscuridad de la cueva.

En última instancia, cuando el prisionero que contemplo la realidad fuera de aquella caverna, intenta desatar y hacer subir a sus antiguos compañeros hacia la luz, Platón nos dice que estos se negaran a tal punto que son capaces incluso de matarlo y que efectivamente lo harán si tienen la oportunidad.

El Camino a Damasco

En el libro de los Hechos de los Apóstoles, el capítulo 9, nos cuenta que Saulo amenazaba de muerte a los creyentes en el Señor a tal punto que se presentó ante el sumo sacerdote pidiéndole cartas de autorización para ir a las sinagogas de Damasco a buscar a quienes seguían el Nuevo Camino, tanto hombres como mujeres para llevarlos presos a Jerusalén.

La historia nos cuenta que estando ya cerca de Damasco, una luz que venia del cielo brillo de repente a su alrededor haciéndolo caer al suelo para luego decirle: “Saulo, Saulo ¿Por qué me persigues?” Saulo pregunta quién era y para su sorpresa la voz le contesto “YO SOY JESUS, el mismo a quien estas persiguiendo. Levántate y entra en la ciudad; allí te dirán lo que debes hacer”.

Este acontecimiento marco un antes y un después rotundo en la vida de Saulo quien pasaría a conocerse como Pablo. En la epístola a los Filipenses el mismo Apóstol se describe a si mismo concerniente a su vida pasado como un hombre que había sido participe del partido de los fariseos y que eran tan fanático que perseguía a los de la iglesia y en lo que concierne a la justicia que se basa en el cumplimiento de la ley, era irreprochable.


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En Hechos 22 también se menciona que había estudiado muy de acuerdo con la ley de sus antepasados, bajo la dirección de Gamaliel, un fariseo reconocido con gran autoridad entre sus contemporáneos y miembro del sanedrín.

Lo interesante y atrapante de esta historia es que cuando el Señor sale al encuentro del enardecido perseguidor, aquel fariseo se encuentra con una verdad totalmente diferente de la que él conocía, podemos decir que salió de aquella caverna de la que el filósofo griego hablaba y que todo cuanto había profesado y defendido, distaba en gran manera de la auténtica verdad que ahora estaba conociendo.

Posterior a su encuentro con el Señor, Pablo se convirtió en un férreo predicador de la palabra realizando un gran número de viajes misioneros llevando el mensaje de Salvación y anunciando las buenas nuevas por diferentes lugares, enfrentándose a quienes una vez fueron sus pares; ningún castigo ni prisión lograron detenerlo llegando a convertirse en un mártir autentico, testificando de Jesús hasta el fin de sus días.

La verdad

Como seres humanos en algún momento dado de nuestras vidas solemos hacernos cierto tipo de preguntas existenciales, una de ellas que en lo personal solía hacerme era si ¿había una verdad o cuál era la verdad en la cual debía creer? La respuesta que encontré a esta pregunta es sencilla y profunda a la vez, porque descubrí que la verdad tiene un nombre y está en un hombre…

En Juan 14:6 Jesús dijo:

“Yo Soy el Camino la Verdad y la Vida”

Él es el camino que debemos caminar para llegar al Padre, en él está la verdad que si conocemos nos hace libres y él es quien trajo vida en abundancia.

La gran mayoría de las personas han oído hablar de Jesús y saben en mayor o menor medida quien fue y que hizo; pero otro punto totalmente diferente es conocer a Jesús porque esto implica tener una experiencia directa con él y palpar de cerca su amor inexplicable para con nosotros.

El conocer a Jesús implica salir de esa caverna, de esa realidad que conocemos dejando la comodidad a la que estamos acostumbrados a un lado, para algunos quizás conlleve el quitarse las cadenas de las liturgias de encima y salir a conocer la Verdad en su esencia Divina y esto es solo el comienzo pues una vez que lo conocemos a Él, es nuestro deber ir y contar cuan grandes cosas ha hecho el Señor en nuestras vidas y aunque los demás se burlen, nos critiquen o rechacen, debemos saber que somos bienaventurados por ello y hemos de seguir hacia adelante poniendo su nombre que es sobre todo nombre bien en alto.


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Cuando el Señor camino sobre la tierra en persona, hubo muchos que tuvieron la oportunidad de conocerlo y hoy esa oportunidad sigue vigente pues Jesús es el mismo ayer, hoy y siempre.

Si aún no lo has conocido te invito a que lo hagas, estoy plenamente convencido de que Él ya te conoce y está ahí, dispuesto a que tú lo conozcas para caminar a tu lado.


EMANUEL FERNANDEZ
*Acompañante Terapéutico
* Operador Socio-Comunitario
* Tel: 2284 67-3902

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